domingo, 24 de junio de 2012

Cuetionan el sucidio del Matemático Alan Turing

Escéptico sobre la investigación oficial de la vida del genio británico, asegura que no puede descartarse la idea de un asesinato.



Contrario a la versión oficial, Alan Turing, padre de la computadora y genio británico de las matemáticas, no se habría suicidado. Según el experto en la vida y obra del científico Jack Copeland las pruebas presentadas para el veredicto oficial de su muerte en 1952 no serían hoy consideradas suficientes. «La investigación oficial adolece de tantos errores que hasta resulta imposible descartar un asesinato», señala Copeland.
Se sabe que Alan Turing murió por un envenenamiento con cianuroy que la empleada de la limpieza lo halló en la cama con una manzanaa medio comer en su mesa de luz. La manzana, el cianuro y el tratamiento con hormonas al que había sido sometido en 1952, dos años de su muerte, para «curar su homosexualidad» se combinaron desde entonces para probar un suicidio debido a un desequilibrio mental y emocional. Según el veredicto que elaboró la justicia en la investigación de su muerte, «en un hombre de esta clase, es imposible decir cómo va a reaccionar mentalmente».
Nadie sabe qué quería decir el encargado de la investigación JAK Ferns con eso de «un hombre de esta clase», pero es de suponer que se refería a su homosexualidad, considerada delito en la Inglaterra de la época. Según Copeland esta teoría es una mera suposición con mucho de prejuicio y ninguna corroboración. «Nos hemos acostumbrado a estanarrativa de un científico atormentado e infeliz que terminó suicidándose, pero no hay ninguna prueba concreta de que esto fue así».

Excentricidades

La Policía jamás investigó si la manzana tenía rastros de cianuro, pero como la película favorita de Turing era «Blancanienves y los siete enanitos», se especuló durante mucho tiempo que había decidido copiar la muerte de la heroína, algo que de paso encajaría a la perfección con cierta concepción del mundo gay.
Según Copeland, el matemático siempre se llevaba una manzana que dejaba a medio comer antes de dormirse. Nada particularmente especial para alguien conocido por excentricidades como encadenar la taza de café al radiador por temor a que se la robaran o andar en primavera con máscaras antigás para combatir su alergia a polen. En el escritorio de su oficina había además una nota, que lejos de ser la clásica carta explicatoria del suicida, era un recordatorio de las cosas que debía hacer después del fin de semana.
En cuanto a su estado de ánimo, una vecina señala que cuatro días antes de su muerte había organizado un «maravilloso té» para ella y sus cuatro hijos, y un amigo suyo, que se había quedado en su casa el fin de semana, había dicho que Turing «parecía más feliz que de costumbre». Ni siquiera la supuesta causa profunda de ese aparente «desequilibrio mental» se comparece, según Copeland, con los testimonios.

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